Y es que la vida, casi siempre, es una apuesta ciega... Es una timba de póker, en la que juegas con las cartas que te van tocando en cada mano, sean buenas, o malas. Cuando nos pasan cosas malas a diario, también hacemos como en el póker, nos echamos un par de faroles, y esperamos que el otro se acobarde.
La debilidad a ojos de otros, nos hace vulnerables, mientras que los faroles que decimos, intentan transmitir entereza y nos hacen fuertes a la vista de los demás, e incluso terminamos nosotros mismos convencidos de que lo somos.
En éste momento, hay algo que me encantaría empezar por el final... Porque estoy confundida, y porque no sé ni siquiera que es lo que quiero.
Como eso no se puede hacer, empezaré con ésta timba... ¡Deseenme suerte!
All In !

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